Do you ever feel?

 

Este era el éxito de Katy Perry que sonaba por todos lados en el 2011.


Tres años después, en el 2014, fue uno de años los más locos que viví, no sabía que disfrutaría tanto una falta de estabilidad física, emocional y económica.

Digamos que me dediqué a pasar por muchos procesos de adaptación y eso me hizo sentirme inestable. Primero tuve que acostumbrarme a no tener trabajo, vaciar mi vida en el DF y regresar a tierras norteñas. El día que llegue a mi casa mi mamá me recibió con un “bienvenida de regreso a tu casa” y sí en ese momento, mi casa en Saltillo era mi única casa y debo confesar que sentí una gran tranquilidad y seguridad volver a acomodar todas mis cosas en el closet, programar la tele como a mi me gustaba y hasta montar un escritorio en mi cuarto. Parecía que nunca me había ido.

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Después de un mes de 28 días de relax y ver a todos mis amigos, tuve que ajustar mi vida y mis recuerdos a una maleta de 25 kilos y tomar en cuenta que, la temperatura promedio en NYC era de -3 grados centígrados, pero que pronto sería primavera. Tardé más de una semana en hacer mi maleta y entre un abrigo, una chamarra, varios pares de tenis y jeans emprendí mi viaje a NYC…

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Sabía lo que era vivir sola pero no en un país diferente, con roomies de culturas diferentes y en una ciudad tan monstruosa como NYC.

Como si fuera broma del destino mi primer día en NYC fue domingo y yo ODIO los domingos, eso hizo que me tardara unas horas en calmar la ansiedad y en empezar a disfrutar. La primera persona con la que hablé cuando llegué fue Romina, una argentina que vivía en la misma torre de departamentos que yo y mi primer gran amiga de esta aventura.  (Te extraño Romina)

Romina es una persona llena de luz, siempre estaba con la mejor actitud para cualquier plan, yo era la amargada jajaja siempre nos reíamos de lo que nos pasaba y platicábamos sobre lo horrible que era nuestra vida y lo que sufríamos en el trabajo antes de llegar a NYC. Obvio nuestras penas se minimizaban comiendo comida italiana en East Village o recorriendo Macy’s de principio a fin.

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Al día siguiente, 7:00 am tuve mi primera clase en ELS y 6:00 pm en NYFA, en menos de 24 horas mi vida, mi rutina y mi alrededor había cambiado. Recuerdo haber ido a un Starbucks y encontrar el menú diferente… Ahí empezó un segundo proceso de adaptación, el que menos me costó de todos. Vivía en un departamento increíble en east village, tenía un balcón y la línea L a unas cuadras. Mis roomies, mis horarios, todo el día era increíble y me la pasaba ocupada en clases, tareas y planes para salir a cenar a caminar a conocer.

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Dos meses después las cosas no fueron color de rosa, no podía seguir pagando el departamento donde vivía, o sí podía pero no quería. Me di cuenta que era mejor gastar el dinero afuera que en el lugar donde vives porque literal lo usas para dormir. Me mudé a Brooklyn, 3rd St en el sur de Williamsburg. Al principio me dolió dejar mi zona de confort, pero la pregunta fue ¿cuál era esa zona de confort? de no haber querido salir, seguiría en Saltillo en el 2010… entonces me atreví a rentar un cuarto por un mes en craigslist y ahí para mi empezó realmente la aventura.

Los meses que viví en Brooklyn fui más feliz, quizás por el verano o quizás porque ya me había acostumbrado a la ciudad, mis amigos eran INCREIBLES, teníamos nuestra agenda social perfectamente armada llamada YELP. Ibamos de compras a comer a cenar a cuanto rooftop nos encontramos y a todos los museos, parques, festivales y outlets que nos enterábamos.

Sin duda tengo “momentos memorables” (chiste local) de todos ustedes: Camila, Oscar, Kun, Taeg, Romina, Lais, Andreina, Linda, Miyoko, Vinicius, Fabio, María, Nikkita, Jú, Vecihe y Fatih. Los amos, los quiero y los extraño 🙂

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Camila, Oscar y Kun, fueron las personas que me acompañaron en gran parte de mi estancia en la ciudad, no soltábamos YELP para nada y siempre casábamos lugares para tomar fotografías o para tomar algunas cervezas. Camila es de Basil y con ella fui un millón de veces a Urban Outfitters, Kun es de China y es la persona más buena y con más conocimiento en gramática de ingles que he conocido, siempre quería ayudar y odiaba ir de compras, pero cuando lo hacía OMG jaja esa economía de China no deja de sorprenderme!! Oscar era la parte seria y responsable del grupo, estuvo en mi salón desde el día uno, con el hablaba de Game Of Thrones y hasta me enseño a usar mi cámara, tomamos fotos increíbles. ¿Ya imaginarán la combinación? Muero de risa solo de recordar todas las anécdotas que vivimos juntos, como cuando tratamos de cumplir el reto de ir a todos los rooftop en NYC y duramos horas buscando el famoso rooftop en essex y esa noche terminamos buscando guacamole y hablando cómo acercarnos a un chico, desde la opinión de Oscar o cuando Camila nos llevaba a buscar arte urbano en forma de graffiti por todas las calles de NYC.

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Justo en mi momento más feliz, como parte de un proyecto en la escuela, le conté sobre mi vida en México a mi salón de clases, y el comentario de más de uno fue, ¿qué haces en NYC? ¡En México tienes cosas increíbles! Ahí fue cuando decidí que quería regresar a DF. Sin más explicaciones entendí que esos “momentos felices” que estaban pasando gracias a mi trabajo, entonces para seguir teniendo “momentos felices” tenía que seguir trabajando (así es la vida, lo sé). Ya no quería perder más tiempo, me urgía regresar, trabajar y planear mi próximo “momento”.

Y hablando de momentos, llegó el momento de decir adiós. Recuerdo perfecto mi ultimo día en NYC y lo cansada que estaba cuando iba de regreso a mi casa. Las lagrimas se me salían y estaba ahí completamente sola. La soledad fue uno de los sentimientos más difíciles de este viaje. Recuerdo haber tenido uno que otro ataque de pánico por sentirme sola 🙁 debo confesar que me fui de DF porque me sentía sola y la solución que en ese momento me plantee, irme a NYC, no fue la más indicada para sentirme acompañada.

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Siempre tuve millones de personas a mi alrededor pero ninguna de ellas quería escuchar quejas de mi soledad. No lo entendían, todos fuimos a disfrutar y a pasarla bien a NYC, no a resolver mis problemas. Sin duda a veces me sentí sola. Sola tomando el metro a las 2 am después de una fiesta o sola un domingo desayunado un bagel en el parque o sola tomando decisiones como ¿cuándo compro mi boleto de regreso? Si me quedo una semana ¿cómo voy a pagar la renta? o sola ensayando mis presentaciones en NYFA.

Pero de eso se trata, de adaptarse a lo que eres y a la vida que estás apostando llevar. No me duraron mucho esos momentos de madurez, porque fue tiempo de regresar a México.

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Regresé un miércoles. Fue el viaje más cansado que he hecho, no sentía que llevaba 8 horas de viaje, sentía que llevaba 4 meses y medio de viaje, transbordes y jet lags. Mi maleta pesaba lo triple de como me fui, mi mochila venía llena de libros y mi ganas de regresar me empujaron hasta tocar tierras norteñas.

Hice una reunión de bienvenida con mis amigos en Saltillo, el primer fin de semana allá fue increíble, quería ver a todos y que todos me contaran de sus vidas sus planes y de todo lo que me había perdido. Pero pronto llego el lunes, todos se fueron a trabajar… y luego otro fin y otro lunes, así pasó Agosto, Septiembre y Octubre.

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Ahí vivi mi cuarto proceso de adaptación: aceptar que las vacaciones se habían terminado. Había regresado a la zona de confort de la que salí en el 2010. Intenté buscar trabajo, mandé mi CV a todos mis conocidos y a todas las agencias que me topé en el camino. Me surgió el miedo, la ansiedad, el pánico de haber abandonado algo que difícilmente iba a volver a encontrar, ¡un trabajo!

Pasar de buscar depa en “Mexicanos en NYC” a bucar trabajo en “en esta agencia están buscando” fue muy duro. Después de vivir la felicidad en todo su esplendor, ponerte a buscar trabajo no es la mejor secuela, la verdad nunca lo pensé así cuando me fui, no sabía si iba a ser fácil o difícil regresar, yo simplemente quería irme.

Después de varias entrevistas y planes interminables di con Cheil. La agencia que me abrió las puertas desde el día uno. Recuerdo estar planeando halloween con mis amigos cuando me pidieron seguir el proceso en Cheil. En 2 días tuve que volver a reducir mi vida a un maleta y volar a DF preparada para quedarme pero a la vez con la posibilidad de tener que regresar.

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A mediados de noviembre me dieron la noticia de que entraría a Cheil y de que un mundo de posibilidades a lado de Samsung estaban por empezar. No tuve más remedio que buscar donde vivir y empezar a echar raíz.

Hoy cumplo un mes que regresé y el sentimiento es diferente, siento que nunca me fui de DF pero todo cambió de la noche a la mañana. Creo que me está costando entender que la ciudad no cambió, la que cambié fui yo.

Ahora solo me toca vivir mi quinto proceso de adaptación y seguir luchando por vivir esa libertad que experimente este año, pero no abandonar las cosas que me hacen feliz, como mi trabajo. Trataré de expandir mis opciones en la ciudad y tal cual llegué en el 2011, empezar de cero.

 

La mejor canción que se me ocurrió poner es de fondo Firework de Katty Perry porque me recuerda a una época de cambios.

Esa canción sonaba cuando me mudaba de Mty a DF en el 2011.

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